30 jun. 2011

RSC: Responsabilidad Social Corporativa, ¿se hace o se nace?


Grandes, medianas y pequeñas empresas se abren camino en estos tiempos de crisis con más o menos éxito. Redefinen sus planes estratégicos y líneas de acción comercial para adaptarse a un entorno hostil. Unas innovan y se especializan, todas reducen gastos, otras (muchas) recortan plantilla. Algunas empresas intentan mantener los mismos beneficios que el año anterior, otras aumentarlos y quizá la gran mayoría quedarse sin ellos pero dándose con un canto en los dientes si han podido aguantar un año, o un mes más.

El panorama de descontento social cobra cada vez más fuerza y las empresas están en el punto de mira de la sociedad. Son, junto con los bancos y los políticos, el enemigo público número uno, con su modo particular de explotar al trabajador, de humillarlo, de apretarle la soga cada vez más, de menospreciarlo y de un sinfín más de vejaciones.

En medio de esta tempestad, barcos y barcazas intentan resistir a la tormenta y salvar a su tripulación, intentando que nadie caiga al mar. Sus directivos asisten a congresos, ponencias y todo tipo de encuentros que reflexionan sobre los mercados, las causas de la crisis y sobre todo la forma de salir de esta indemne e incluso, según rezan algunos, reforzados.

Alguna de esas estrategias abogan por aumentar la inversión y dedicar más tiempo y esfuerzos en la práctica de la Responsabilidad Social Corporativa, que es vista todavía por muchos como una panacea para aliviar percepciones negativas de su corporación y por otros, todavía los menos, como una forma de mejorar su modelo de negocio y en definitiva su competitividad.


“Si todavía no lo has hecho, este es el momento de apuntarte al carro de la RSC, de la gestión sostenible de los recursos medioambientales de tu empresa, de la economía social, de la gestión ética de tus recursos humanos, del voluntariado corporativo y verás cómo aumentará tu valor, mejorará tu percepción y, por lo tanto, tus ingresos.” Suena bien como reclamo, ¿verdad?

Lo que pasa es que si una empresa lleva mucho tiempo haciendo caso omiso de todas esas líneas de actuación, el hecho de incorporarlas “de un día para otro”, requiere un esfuerzo muy importante, se trata de generar unas bases de actuación que supondrán a la corporación una gran inversión en tiempo y sensibilización, tanto es así, que esos esfuerzos, si realmente no provienen de una concienciación verdadera, es muy probable que acaben en fracaso.

Pero como bien sabemos, nadie nace enseñado y hoy en día podemos trabajar con modelos lanzados por instituciones públicas y fundaciones privadas que adoptan metodologías de implantación, más o menos efectivas, más o menos comprensibles, para implantar la semilla de la RSC en las empresas, ya sean grandes, medianas, pequeñas o micros. Cientos de indicadores cruzados nos ayudarán a generar un diagnóstico general de la conciencia empresarial, luego solo tendremos que orientarla y, al fin, modificarla. Parece sencillo, ¿no? En la práctica no lo es tanto.

Aún así, la RSC se hace, se puede hacer, desde luego, pero ¿no es mejor que nazca? Es decir, la iniciativa privada en su origen, desde antes de la constitución incluso, ya apunta maneras. El emprendedor y sus socios trasladarán de alguna forma lo que tengan de conciencia social a las bases y estatutos de su negocio, su manera, siempre completamente subjetiva y personal, de ver la vida y de hacer las cosas, se convertirá en el faro ético y el gobierno de la empresa. Pero claro, hay campos de cultivo y campos de cultivo. Estén estos campos bien abonados o no, la RSC, vista como una conciencia empresarial más sensible a los problemas y los retos sociales, debe estar presente desde los orígenes, debe trasmitirse a todos los emprendedores del mundo, desde la base, desde el nacimiento de la idea. Las escuelas de negocios, las instituciones públicas que fomentan el emprendimiento, las empresas (volvemos a repetir, sean grandes, pequeñas o micros) que ya integran un modelo de buenas prácticas, tienen el papel de promover estas actitudes y deben ser difusoras de este mensaje. Ahí es, según mi opinión y la de los que me rodean en el día a día, donde hay que invertir y echar horas, con el fin de lograr implementar desde la base estas líneas de acción que tienen en cuenta, a demás de los beneficios, la dignidad y el bienestar de sus empleados y por extensión de todas las personas que conforman la comunidad en la que desarrollan su actividad.

Si me lo permiten acabo con la utilización de un símil bastante simplón al que suelo recurrir cuando se trata de incorporar nuevas prácticas a determinadas alturas de un proceso, sea el que sea. Un niño o una niña al que se le enseña un idioma extranjero lo aprende sin dificultad y lo habla sin esfuerzo. Un hombre o una mujer adultos de habla hispana que empieza a aprender inglés desde cero ya ve como le cuesta un poco más. El esfuerzo que deberá realizar para alcanzar una buena fluidez y pronunciación sera enormenente mayor, por no decir titánico. Eso sí, al menos es importante que valga la pena ese esfuerzo y pueda ese hombre o esa mujer conseguir un nivel aceptable que le sirva al menos para comunicarse y entenderse.

Por eso creo que en el contexto actual de crisis económica y de valores capitalistas, se hace imprescindible que desde la más tierna infancia se impulse esta nueva forma de concebir proyectos, priorizando al mismo nivel la obtención de beneficios y la exploración del componente social y la trasmisión de valores sociales de la empresa.

En una sociedad educada en Responsabilidad Social la desconfianza y el descontento de los que hablábamos al principio se canalizará hacia iniciativas empresariales positivas que podrían convertirse en negocios viables con gran potencial de recepción por los mercados y por una corriente social que cada vez más está buscando nuevas alternativas a los mercados actuales, y no nos referimos solo a empresas que tendrían su esencia en la comercialización de energías renovables o en la producción ecológica, sino también en empresas que, de una forma u otra, integran en sus procesos modelos sostenibles que afectan positiva y directamente al bienestar de sus empleados y de la sociedad en general.

Y eso, seguro, nos beneficiará a todos.

Fuente: Diario Responsable 



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